MAREMAGNUM FEST: LEON BENAVENTE

Domingo 21 Mayo - 21:30

LEÓN BENAVENTE: EL CENTRO DE UN ESTADO Por Nacho Vegas Antecedentes históricos En el año 1962, más o menos cuando la nieve se empezaba a derretir en algunas cumbres y la primavera se instalaba, Francisco Franco tomó una decisión que él consideraba de capital importancia y a la que venía dando vueltas desde hacía tiempo: quiso descubrir cuál era el centro exacto de la península ibérica. Tenía que saber dónde se situaba el mismo centro geográfico de España (Portugal, como si no existiera), no podía dormir por las noches sin averiguarlo. Siglos atrás, los musulmanes ya habían hecho sus cálculos y habían señalado un punto en la que más tarde sería la villa cristiana de Pinto, al sur de Madrid. Pero Don Francisco no se fiaba de los moros, que debían saber mucho de rezos y de hablar raro pero lo que es de aritmética geográfica, poco, así que dio un golpe sobre la mesa. Mandó llamar a El Pardo a los mejores matemáticos e ingenieros de caminos de todo el mundo, que casualmente fueron todos españoles, y les encomendó la tarea. Tras trece meses de trabajo a destajo, de complicadas mediciones, los expertos llegaron a una conclusión: los moros se habían equivocado, pero por muy poco: el centro de España estaba en realidad en la localidad de Valdemoro, a unos siete kilómetros de Pinto. Enseguida comenzó la disputa entre los dos municipios por ver cuál de los dos ostentaba el título, y hubo vecinos que sacaron la escopeta y se dispusieron a defender su honor a tiros. Franco pensó que el asunto se le estaba yendo de las manos, y fue entonces cuando pronunció una de sus frases más célebres. Con su voz afluatada dijo: “ni pa ti ni pa mí”, y se fue a un punto equidistante de los dos pueblos, en Getafe. Allí, en un cerro, plantó un monumento y en un acto oficial declaró el lugar “Centro Auténtico de España”. Cuando le preguntaban si ese era el punto geográfico exacto él se limitaba a decir: “bueno, es por aquí, no hurgues”. Con todo, la disputa entre Pinto y Valdemoro dio lugar a una de las expresiones más populares del refranero español. Y para Franco la cosa se había convertido en una cuestión de orgullo personal, más que de orgullo patrio. Algunos historiadores sostienen si el Generalísimo se afanó tanto en reprimir los nacionalismos periféricos no fue por motivaciones políticas, sino porque una eventual independencia de Cataluña le iba a joder el centro geográfico y hala, vuelta a empezar con los cálculos. Y eso no podía ser.